La solidaridad nicaragüense tiene rostro de mujer

Por T. Morales Orozco

El mensaje de Whatsapp decía que un grupo de mujeres estarían a un lado de la plaza Colón con comida que habían preparado para quienes llegaban de Sevilla, Barcelona, Bilbao, A Coruña y Zaragoza a la concentración política cultural que se realizó en Madrid en junio pasado.

Por temas de seguridad le llamaremos “Juana”. Ella participa en un grupo de Whatsapp de aproximadamente unas 60 personas, de las cuales 20, se dedican a vender comida para recaudar fondos y enviarlos a Nicaragua. Es su forma de solidarizarse e involucrarse en la resistencia pacífica desde España.

Juana es una nicaragüense que tiene nueve años residiendo en Madrid. Dejó Nicaragua, los libros y sus alumnos; por la escoba, la fregona (lampazo) y los pañales de adultos o de niños. El salario que ganaba mensual, -que no llegaba a los 300 dólares-, no sostenía a su familia. Ser madre soltera de cinco hijos no era fácil, la situación la empujó a salir en busca de mejoras económicas.

“Prácticamente he luchado sola. Mi hija mayor es una profesional, el otro estaba en la universidad pero con todo este problema se ha tendido que largar de Nicaragua. La otra niña está estudiando también la carrera pero lo mismo, se ha tenido que largar a donde un hermano que vive en Costa Rica”

Familiares huyeron

La familia de Juana ha sufrido los embates de la represión del régimen de Ortega, que amparado en la ley contra el terrorismo encarcela y enjuicia, criminalizando a quien se manifieste o colabore en las protestas. A varios miembros de su familia por ayudar a quienes se encontraban en las barricadas, los encarcelaron y después que los dejaron en libertad, huyeron a Costa Rica. “Los han echado presos por llevar agua, leche, comida y pues ahora los acusaron de terroristas pero gracias a Dios, los han dejado en libertad. Han huido a Costa Rica dejando todos sus bienes, todas sus pertenencias abandonadas. Les amenazaban hijos de p … si se vuelven a meter los queremos tener a ustedes si se vuelven a meter ya saben que les vamos a ir a quemar la casa con ustedes dentro”.

Y aunque lamenta el abandono de la vivienda, mantiene su convicción de seguir desde su trinchera, “queremos una patria libre donde realmente nuestros nietos, bisnietos se sientan felices porque tuvieron gente guerrera dentro como fuera del país, luchando por la libertad de nuestro país”. Continúa, con la voz un poco quebrada, diciendo que “por la sangre que llevamos dentro como nicaragüenses y estemos donde estemos esa sangre no se nos va a salir jamás, ni nunca porque somos gente luchadora y si nosotras pudimos sacar adelante a nuestros hijos, a nuestras familias, ¿por qué no vamos a poder sacar a un dictador, un tirano de nuestro país?”, se cuestiona indignada.

Los días de descanso son para Nicaragua

Con ese acento madrileño, Juana me explica que las actividades recaudatorias las organizan los fines de semana pensando en que hay mujeres migrantes que salen de trabajar como internas los sábados a mediodía. “Hay chicas que llegan y se comprometen, me llegan a ayudar y trabajamos … me siento feliz porque aunque me acueste el sábado a las cuatro de la mañana preparando todo, sé que lo estoy haciendo por amor, completamente por amor y, aunque al siguiente día me tengo que levantar a las siete de la mañana y a las 12 tengo que estar corriendo porque tengo que llegar al lugar, tengo que ver cómo organizamos donde vamos a poner la venta, dónde vamos hacer todo, no me importa”.

La solidaridad la demuestra donando la totalidad de lo que invierte en la comida que prepara, pero cuando se encuentra con poco dinero, lo invertido lo recupera de las ventas, “depende de cómo estemos en lo económico acá. Entonces, si tenemos un poquito de facilidades podemos donar algo y sino se le entrega a la persona lo que hemos invertido y de la ganancia es lo que recuperamos … por lo general lo que enviamos aunque no sea mucho venimos sacando entre mil y mil cien euros pero nos sentimos satisfechos y dividimos hacia dónde se va a enviar lo recaudado. Hemos mandado a las madres que están en las afueras de El Chipote a los universitarios; entonces sentimos que nuestro sacrificio vale la pena porque estamos ayudando”, sostiene.

Su activismo político es un sin parar: ha dado hacer camisetas y banderas, que con las ganancias han comprado un equipo de sonido para ambientar las actividades. El público que asiste a sus actividades gastronómicas es nicaragüense, mexicano, peruano, boliviano, ecuatoriano; la comunidad española se ha integrado poco a poco. Me entra el hambre cuando menciona los platos que elaboran “gallo pinto, maduro con queso, tajadas con queso de crema, chancho con yuca y ensalada, quesillos, repochetas, indio viejo, arroz a la valenciana, relleno navideño, frescos naturales arroz con piña, cacao con lecho, melón con piña, detalla”.

Juana seguirá con su compromiso de resistencia cívica, “porque en vez de quitarnos ese anhelo, esa energía se nos transforma en más rabia, en más coraje, en más ganas de seguir luchando, entonces no vamos a parar … ellos (jóvenes) ponen la cara y sus vidas, ¿por qué nosotros no vamos a seguir luchando desde el extranjero que no estamos corriendo ningún peligro? Esta lucha va a seguir y va a seguir hasta el final. Y el final va a ser que el asesino que tenemos como presidente de nuestra bella Nicaragua, lo vamos a sacar a costa de lo que sea”, manifiesta.

En la construcción de la nueva Nicaragua quiere que a las personas migrantes no se les catalogue como remesadores, demanda el voto en el exterior. También exige que la embajada de Nicaragua en Madrid, deje de ser un instrumento político. En las manifestaciones que se han realizado fuera de las instalaciones, les han tomado fotos. “El otro día fueron las feministas a entregar unas firmas y resulta que los de la embajada no se las recibieron porque dijeron que no van a recibir nada. Dicen que las órdenes que hay es que quienes estemos metido en esto, si llegamos a solicitar cualquier documento que no se nos dé, anoche estaba angustiada porque tengo que renovar la tarjeta de residencia y no encontraba el pasaporte, ¡Dios santo! Me tienen ahí en la embajada fichada y si voy no me van a sacar los documentos que necesito como nicaragüense. Van a decir esta es terrorista mejor no le vamos a dar el pasaporte”, plantifica.

La palabra solidaridad, etimológicamente, se deriva de “sólido”. Denota solidez o fortaleza que nace de la unidad de todos para lograr un objetivo común. La solidaridad se ha volcado en distintas formas de quienes se encuentran en el exterior. Unos se movilizan desde muy lejos en Estados Unidos para llegar a la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Otros se solidarizan a través del baile. Hay quienes trabajan en la incidencia política; algunos realizan plantones, marchas, varias personas recaudan fondos o escriben para visibilizar y hacer conciencia. Todos y todas al margen de las diferencias de pensamiento y/o credo, aquí lo que se grita y se defiende es el respeto a los derechos humanos que han sido violentados desde el minuto cero.

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