Semillas que resisten

Por Sayuri Nishime

El sonido del taladro se empieza a escuchar. Karla Sánchez, una nicaragüense que reside en Bergara, municipio de Gipúzcoa, perfora semillas de su tierra natal para crear pulseras, collares y pendientes. Su trabajo la traslada a las montañas de Matagalpa, una ciudad ubicada al norte de Nicaragua, e imagina a su hijo de cinco años y a sus gemelas de 10, recolectando tamarindo, coralillo, guapinol, guanacaste y platanillo. Nombres que para muchas personas que lean este post sonarán a chino, pero no son sino unos granos tradicionales que provienen de hortalizas, vegetales frutos y plantas. Para Karla son su materia prima, pero también una excusa artesanal que desde la distancia la mantiene unida a su familia, a quien no ve desde hace dos años.

Foto cortesía

Karla es una persona firme en sus metas. Llegó a Bergara con muchas ilusiones y se esfuerza por materializarlas. Trabaja como asistente del hogar, vende productos ecológicos, elabora dulces nicaragüenses, hace manicura y pedicura a domicilio, estudia inglés, participa en ferias artesanales, y por supuesto, que sus mayores energías las usa para la elaboración de los collares, las pulseras y los pendientes. Ver los colores de toda la colección de semillas que le envían, la motiva a crear nuevos diseños. Sus granos favoritos son el ´Patacón´, conocido como jaboncillo porque antiguamente se usaba para lavar la ropa; y el ´Ojo de venado´, “que lo usaban las ancestras para protegerse de las energías negativas o de las malas vibras”, explica.  

Pero las semillas no es lo único que perfora Karla. Desde los nueve años ha estado involucrada en diferentes movimientos de activismo social, en especial en la defensa de los derechos de las niñas, niños y adolescentes. A muchos de su comunidad los ha visto crecer en situación de precariedad, y antes de salir del país, les enseñó cómo seleccionar estos granos para que aprendieran a sumar, a realizar manualidades y a divertirse. Desde que migró, una parte de las ganancias de las artesanías que elabora, las usa para enviarles útiles escolares y puedan continuar con su formación, sin tener que vender tortillas, tomates, pimientos u otros productos en las calles. En agradecimiento, ellas y ellos también salen en busca de material para que la madre de Karla los pueda enviar a Bergara.

Hoy, a sus 33 años le indigna otro tipo de taladro, uno que desde el 18 de abril de 2018 insiste en intentar perforar los derechos humanos de su gente nicaragüense, reprimiendo marchas, secuestrando, torturando, asesinando las voces críticas y llenando las cárceles de presos políticos. En su mente está la niñez del país. “Son los que viven con más miedo e incertidumbre. No tienen posibilidades de ir a una escuela segura, libre y sin peligro durante el camino. Es tanta la inseguridad que muchos padres y madres han tenido que salir del país y son las niñas y los niños quienes peor sufren la ruptura del vínculo”, manifiesta.

Y es que desde que iniciaron las protestas hasta el 31 de julio, se han registrado 28 niñas, niños y adolescentes asesinados producto de la violencia ejercida por la policía, fuerzas parapoliciales y paramilitares, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Cinco recibieron un disparo en la cabeza; 15 en el cuello y el tórax; 4 en el pecho y el estómago; dos calcinados; 1 por negligencia médica y 1 por golpes y lesiones en la cabeza.

Muchas han sido las perforaciones a los derechos humanos que el pueblo de Nicaragua ha sufrido y más durante estos últimos cinco meses. Pero hay semillas de semillas, y la nicaragüense ha demostrado ser resistente dentro y fuera del país. Desde todos los rincones a nivel internacional han armado su trinchera de lucha, y Karla, como no podría ser menos, eleva su voz desde Euskadi en demanda de libertad, justicia y democracia para todas las personas de su tierra, pero hace un mayor énfasis en que las niñas y los niños puedan tener una educación integral y no manipulada, “que se elimine la propaganda política en los libros de estudio y que vuelvan a caminar sin miedo por las calles”.

Sabe que para lograr esas demandas se necesita más que un `Ojo de venado´, por lo que se involucra activamente en cada una de las actividades que se desarrollan en la comunidad que reside. La primera manifestación a la que acudió fue en Bilbao. Se acercó para decir que podía participar con un baile tradicional. ¿Qué canción? “El solar de monimbó”. Me prestan el vestido que yo ya he traído los collares”, por supuesto, elaborados por sus propias manos. Desde ese día ensaya todos los domingos con un grupo de la capital vizcaína, para usar la cultura como herramienta de protesta en todas las movilizaciones. Poco a poco, también aporta a la perforación de un régimen asesino.

El sonido del taladro se deja de escuchar por ahora. Los granos están listos para formar una pulsera. Karla utiliza un hilo y los junta uno a uno, así como el pueblo nicaragüense se une para tejer una sola lucha y levantar sus puños como símbolo de resistencia. En una de las montañas de Matagalpa, las niñas y los niños siguen recolectando material. Ellas y ellos también son semillas de esperanza que tienen derecho a florecer en una Nicaragua en democracia, justicia y libertad.

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2 comentarios sobre “Semillas que resisten

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