“Soy mi propia jefa”

Por T. Morales Orozco

Entre el sonido del secador de pelo, el movimiento de los dedos índice y pulgar que se abren y se cierran porque la tijera se apura para cortar el pelo, el corta uñas y el agua que circula por el lava cabezas, converso con Leidy Pérez Martínez, una joven de 28 años originaria de Puerto Plata, República Dominicana y con 20 años de vivir en España aproximadamente.

Su madre, se vino en busca de una mejor vida, de un trabajo que le diera estabilidad económica para su familia. Leidy es la mayor de cuatro hermanos, llegó a España con ocho años de edad, vivió primero en Asturias, al norte de España y, luego, se instaló en La Coruña, Galicia.

La adaptación no fue tan fácil para ella, vivió en carne propia expresiones racistas desde muy pequeña. Sus compañeros del colegio la veían “rara” por su color de piel.  “Me llamaban negra, me decían que no me duchaba porque tenía un color de piel así muy feo, me decían que mejor me fuera para mi país. Eso me afectó muchísimo. Pero con el paso del tiempo yo veía que el racismo fue a menos. Mi hija es de piel muy oscura y hoy no veo a casi nadie que sea racista hoy en día”, comenta.

Para Leidy lo que existe es clasismo, porque como dice el dicho ‘por la plata baila el mono’, “si tu ves a un negro que tiene dinero ese chico ya no es negro, el chico tiene dinero. Mi pareja es una persona que se mueve mucho en ambientes donde está todo el mundo del postureo y él, en ese momento, no es negro, porque todo mundo lo saluda. Pero si es un negro que no se mueve en el mundo de las discotecas, donde hay mucho postureo esa persona sí que es negra”, explica.

Mientras espero a que termine de hacer una pedicura, su hija Aisha de dos años, nacida en España y  de padre senegalés, corre junto a Leidy a pegársele al pecho para amamantarse. Ser madre y a la vez tener que trabajar con su hija al lado es complicado. Al no tener plaza en la guardería, la niña pasa ratos en el negocio, por lo que “tienes que tener la cabeza muy centrada y ser muy profesional para no cometer ningún fallo con ella delante. Porque ella: ‘mamá quiero teta’, ‘mamá tengo hambre’. Es difícil. Mi marido trabaja por la mañana y de noche, entonces no tiene nada de tiempo”, me comenta.

Cuando la conocí me asombró su acento españolizado, mantiene lo alegre y bullanguera, es de sangre latina. Algunas personas ya nacen conociendo cuál es su pasión. Es el caso de Leidy. Nació sabiendo que su pasión es el mundo de la belleza. Incluso cuando la vida la llevó por un camino diferente, logró encontrar una ruta para vivir de ello.

Dejó los estudios a los 16 años y se puso a estudiar belleza por tres años en una academia. “Ahí me enseñaron todo lo que sé. Estuve tres años y después de eso estuve en varias peluquerías en Coruña”, menciona.

Con una mano adelante y otra atrás

Siendo empleada en su último trabajo, tuvo problemas con su jefa, a tal punto que la despidió estando embarazada. Los problemas económicos empezaron al momento de enterarse que no tenía derecho a percibir una prestación por desempleo.  Su antigua jefa, no le había dado de alta en la seguridad social las horas que trabajaba diario .

Se emociona, salen las lágrimas, se humedecen sus pestañas. Recuerda que “esa chica me despidió con una mano adelante y otra atrás, me dijo que me tenía contratada y no fue cierto, no me quiso dar indemnización a pesar que estaba embarazada de dos meses. Cuando firmaba mis nóminas la gestora me decía firma aquí y yo firmaba, pero realmente un poco de culpa la tuve yo porque no me paraba a leer los papeles bien. Me engañaba un mes, me engañó dos meses hasta que fui a solicitar el paro embarazada y no tenía derecho a la prestación. Trabajé tres años de mi vida con ella sin derecho a nada y mi marido estaba sin trabajo”.

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Foto: myespacioposterous.wordpress.com. Diseño: T. Morales Orozco

Nunca imaginó llegar a donde está

Al verse sin trabajo y sin prestación, se dedicó a limpiar casas. Pide disculpas por las lágrimas, seguimos con la entrevista. Actividad que no menosprecia pero quería volver a lo suyo, a lo que le apasionaba. Y no paró. No paró de buscar trabajo, de dejar currículos, hasta que  una prima le hizo un préstamo de 4 mil euros. decidió emprender. Hace tres años abrió las puertas de su propio negocio. Una peluquería, en el mismo lugar donde su trabajó con su antigua jefa. Hoy es su propia jefa.

Qué es ser autnónoma-

 

El local es de unos 35 metros cuadrados, un sitio pequeñito pero acogedor. Sentís calor humano, un ambiente agradable y de mucha confianza; ella misma se encarga que así sea. Es platicona, risueña. A veces, no has llegado al negocio y, se escuchan las carcajadas por la esquina del local. A veces ni te enteras del paso del tiempo, hasta que te percatas que  han pasado más de tres horas.

Hoy su semblante es de una mujer contenta porque la clientela se ha quedado con ella, lo que le sirve de estímulo. España le ha brindado oportunidades pero hay que armarse de paciencia, “yo para conseguir este local, tuve  muchas pegas (trabas), muchos requisitos para abrir pero cuando reuní todo pude conseguir abrir y pienso quedarme aquí muchísimos años” manifiesta toda contenta.

Con las tendencias de las temporadas otoño, invierno, primavera y verano, el mundo de la belleza está en constante cambios, movimientos como el de un cabello rubio, negro, castaño, rojo; por eso Leidy se actualiza estudiando cursos para estar a la moda. “Quiero sacar cursos como el de uñas de gel. La semana que viene voy a empezar uno porque me interesa tener clientas satisfechas”, detalla.

Cree que su éxito se debe a la seguridad y certeza con la que trabaja, además de tener precios económicos en relación a la competencia. “Fui viendo que la gente venía porque trabajo muy bien. Yo, los pelos africanos y esas cosas difíciles los dejo muy bien. También hago las pedicuras y manicuras muy bien”

Aunque no ha vuelto a ir a Dominicana, volvería de vacaciones para que su hija conozca sus raíces, porque Leidy se siente española “aquí crecí, he convivido con los españoles, he ido al colegio con ellos, los tengo a diario aquí en la peluquería y mis amigas casi el 80 porciento son españolas”.

A pesar de los tropiezos, la actitud de una mujer luchadora es alta; tiene claro que su trabajo vale, cree que “seguro habrá personas que trabajen mucho mejor que yo, pero también tengo claro que trabajo muy bien porque si no ya hubiese cerrado. Una persona no va a venir tres años por caridad cristiana a una peluquería. Viene porque le gusta la persona, le gusta el trato, le gusta como trabajo. Y hago un hueco si no tengo espacio, no me gusta dejar de atender a una persona que me viene siempre”.

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