Entre lo moderno y lo ancestral

Mirna Velásquez S.

Que si te duele la cabeza; un poco de ungüento Zepol en las sienes; ¿que estás agripada?; una taza de té bien caliente con limón; que si tenés fiebre; un buen baño para bajar la temperatura; que si los riñones te molestan; un té de cola de caballo y unas buenas rodajas de piña. Al diablo el dolor, la nariz tapada, la fiebre. ¡Al diablo el médico de cabecera!…y es más barato que los fármacos.

Y para las manchas de sarro en la ropa, ponele unas gotitas de limón con sal y ¡quedará como nueva!

-Caramba, muchacha, ¡qué ropa tan amarillenta! Andá, tendela al sol, que le dé sin clemencia y durante el día la rociás con agua jabonosa para que quede blanquita. Y si la casa necesita una limpieza profunda; incienso y mirra por todos los rincones, limpiá las paredes y el piso con vinagre de manzana, para que arranque de raíz la suciedad más dura; ¡hasta las malas energías se van!

Y si el niño tiene hipo, dale un susto para que se le pase. Tocá madera o cruzá los dedos para que se te quite esa mala suerte que tenés. Y, cuidado con dejar el bolso en el suelo, que se te va el dinero. Si se te cae una pestaña, pedí un deseo y soplala. Y si hay una visita inoportuna en tu casa, poné la escoba detrás de la puerta. Y ya sabés, nunca pasés debajo de una escalera, ¡que trae mala suerte, mijita! Ahhh, no olvides usar esta cinta roja para proteger al bebé que con tanta gente en la calle, con la vista fuerte, le puede dar mal de ojo.

Y no te olvidés de llamar a tu mama para que te explique bien cómo cortar la leche materna con agua fría, porque la doctora te recetará pastillas y lo único que harás, es meterle químicos al cuerpo. Seguro, desde que te fuiste lejos y vivís en Europa, te olvidaste de todas las creencias de toda la vida, las cosas con las que creciste. No te avergoncés de eso aunque te vean rara. Aquí todo sigue igual. Seguimos usando las mismas medicinas de toda la vida para curarnos porque la vida está cara y los médicos sólo saben recetar acetaminofén.

 

Por cierto, ¿por qué la cola de caballo y todas las plantas medicinales en Europa y Estados Unidos se venden procesadas y como suplementos alimenticios y dietéticos? ¡Sabrá Dios! Seguro, en esos países “desarrollados” no creen en los poderes curativos de las plantas y ponen restricciones para favorecer a la medicina tradicional, que es un negociazo. O, a lo mejor tendrían que pasar años para probar los beneficios de tantas plantas que las abuelas nos metían y nos daban sin escatimar. A propósito, la cúrcuma sirve para las flatulencias, la artritis reumatoide, verrugas en la piel, es antiinflamatorio y tiene propiedades anticancerígenas, incluso contra el cáncer de mamas.

No dejes de pasar por el herbolario con las recetas que nos dejó tu abuela, que son una reliquia de la familia. Eneldo, miel y diente de león para la artritis.

¿Te acordás que sólo ella sabía preparar tan bien el té para el dolor en el vientre o aquel menjunje que servía para curarlo todo?, o las hojas para hacer faumentos
-¿Faumentos?
-¡Si, niña!
-¿No serán fomentos?
-¡Eso mismo!, los fomentos son para dar calor húmedo a los músculos cuando los tenés entumidos o tullidos.
-Sí que me acuerdo tía. Bueno, tengo que cortar la llamada. Ya me toca entrar al trabajo, que me espera una jornada extenuante. Salúdeme a todo el mundo, allá y usté cuídese. La quiero mucho, tía. Hasta luogo.
-Va pues, mi niña, Ya te españolizaste, ¡jodida! Por cierto, ¿ya le sacaste los culucos al niño?

Foto destacada: www.eltelegrafo.com.ec
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2 comentarios sobre “Entre lo moderno y lo ancestral

  1. Una novia que tuve se echaba gas en la planta de los pies cuando tenía gripe, jejeje. Recordé que algunas personas se bañan con agua de ruda para purificarse, ahuyentar la mala suerte o procurar el amor. Me gustó el post. Saludos!

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  2. Yo aquí tengo mi Zepol, ja ja ja ja ja 🙂 Hay medicamentos mejores que el zepol seguro, pero a ese es al que “yo le tengo fe” como dice mi mamá. Me morí de la risa cuando leí “cuidado con dejar el bolso en el suelo, que se te va el dinero” Yo creo profundamente en eso y lo sigo haciendo aquí y me asusto al ver que los franceses ponen sus bolsos en el suelo, yo no podría, prefiero prevenir 🙂 ¡Ni quiera la araña! 🙂

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