Callar o dejar tu país

Por Mirna Velásquez S.

Me estremeció ver a María Lidia, cabizbaja, pensativa, mirando pero sin ver, con una expresión de dureza y sufrimiento. Su foto, esa foto, evidencia su lucha contra un sistema dispuesto a aplastarla. Jamás hubiese imaginado, ni en el peor de los casos, que ella y su familia, terminasen en Estados Unidos como asilados políticos.

María Lidia en Nicaragua, luchando contra un despido irregular. Foto tomada de http://www.elnuevodiario.com.ni publicada el 13 de noviembre de 2012.

No he logrado hablar con ella. No se siente capaz aún de tocar el tema que le ha dejado secuelas psicológicas -que se demuestran en un dictamen del Instituto de Medicina Legal de Nicaragua-. Pero sí he hablado con su esposo Ary Neil Pantoja, también periodista. A ambos me une una larga amistad y podría decir que he seguido de cerca su carrera periodística.

Quizás no debería sorprenderme de verles en la lista de asilados políticos, tomando en cuenta que más de 11 millones de personas de América Latina pidieron protección en otro país, (entre 1969 y 2014), según datos de ACNUR. Pero supongo que cuando se trata de gente a la que conoces, las cifras dejan de ser simples números y te golpean, duelen.

Imaginemos por un momento que después de años de trabajo en un cargo de confianza, nos van relegando; luego, sin justificación alguna nos despiden, arrebatándonos hasta el derecho a la liquidación. Imaginemos después que emprendemos una lucha titánica a nivel judicial por recuperar el empleo, creyendo que la razón está de nuestro lado, pero en todas las instancias la justicia no aplica. Aplica el tráfico de influencias y el poder absoluto. El caso es cerrado. Pronto llega el acoso laboral y personal, las amenazas de muerte que te llevan a tomar la difícil decisión de salir del país.

Por lo que leí en tu blog, todo se originó por el despido de tu esposa, María Lidia. ¿Creés que el acoso laboral se convirtió en algo político?

Nosotros utilizamos todos los medios legales para contrarrestar el acoso laboral y personal contra mi esposa y en varias ocasiones recibí “peticiones” de funcionarios del gobierno para que retirara esas demandas porque “estaba perjudicando al gobierno y al partido” de gobierno. Adicionalmente, como yo hice denuncias a través de las redes sociales, me “pidieron” que me callara. Y vos sabes lo que significa que “te pidan” que te callés algo. Vos sabés cómo funciona eso. Pero además, recibimos amenazas de muerte por la vía telefónica, pusimos la denuncia en la policía y no hicieron nada.

¿Cómo pudieron probar ante el gobierno de Estados Unidos que estaban siendo perseguidos?

Presentamos toda la documentación original, sentencias judiciales rechazadas; prueba de nuestra denuncia ante la policía por las amenazas de muerte; prueba de nuestra petición a la empresa telefónica para un monitoreo de “llamadas maliciosas”, ese es el término que se utiliza. Por cierto, ese servicio es pagado, y nosotros pagamos, y resultó que la empresa telefónica nos dijo que “se les había olvidado”, hacer el monitoreo. Esto se hace para determinar fecha, hora y número telefónico desde donde se hace la llamada. Ese reporte lo necesitaba la policía para “iniciar la investigación”. Después me di cuenta que todo fue una dilación también.

¿La Procuraduría de Nicaragua, en su momento, respondió argumentando que el caso de ustedes tenía fines migratorios. ¿Por qué crees que fue esa su respuesta?

El caso está debidamente documentado que prueban las violaciones a los derechos humanos. Ellos pueden decir lo que quieran, las pruebas están. Tuve la oportunidad de leer el “comunicado” de la PGR, si se le puede llamar a eso comunicado. Me pareció un documento poco serio y más bien algo malintencionado, porque, para empezar mi esposa y yo no teníamos ninguna necesidad de emigrar. No creo que ningún nicaragüense tuviera necesidad de irse de su país si contara con las garantías legales, laborales y de una vida digna, cosa que no existe en Nicaragua actualmente y menos con un gobierno que recurre al acoso y las amenazas para acallar a quienes le adversan.

Otra cosa que me parece sin argumentos, es el hecho de que todo lo quieran reducir a algo “político” y es por falta de conocimiento. Y te explico. La gente en general cree que un perseguido político o perseguida política es solo aquel o aquella, que están involucrados en actividades partidarias; pero no saben que dentro de los derechos humanos están también los derechos políticos, los derechos a un empleo digno, y los derechos a profesar o no una religión y demás derechos. Entonces, esa falta de conocimientos de los Derechos Humanos, en general, y todo lo que ello incluye, es lo que hace que tengan una visión limitada y obtusa de la persecución; lo que te quiero decir, es que la persecución laboral, también es parte de la violación de los derechos humanos y es motivo para que un país te conceda asilo político. Yo mismo he aprendido a expandir mi visión acerca de esto.

Diseño: M. Velásquez

¿Cuál es el procedimiento para obtener asilo político?

El procedimiento no es engorroso; obviamente lleva su tiempo. Se hace una petición de asilo político a las autoridades migratorias enviando una carta respaldada por las pruebas documentales y hay términos para que las autoridades respondan y aquí sí se cumple la Ley y los procedimientos. Después de un tiempo te citan a una entrevista, que es el último paso; y luego de eso una Junta de funcionarios -no uno-, analiza el caso y decide si amerita el asilo o no. Esta junta o comité tiene un tiempo perenterio para responder y en nuestro caso lo hizo en tiempo y forma. Como lo informé en 2015, a nosotros nos otorgó el asilo un comité de Arlington, Virginia.

¿Cómo era la vida de ustedes en Nicaragua antes de este problema?

Como la de cualquier ciudadano. Teníamos nuestros empleos. Yo en El Nuevo Diario; mi esposa en la dirección de Relaciones Públicas de la Universidad Nacional Agraria, cargo que ocupó durante 12 años y nunca hubo quejas de su trabajo y por lo cual más bien siempre recibió reconocimientos, pero de un momento a otro cambió todo.

¿Cómo es su vida actual?, ¿trabajan?

Si, mi esposa y yo trabajamos, llevamos una vida normal dentro de lo que se considera normal, pues obviamente hay algunos obstáculos como el idioma. Por lo demás, adaptándonos siempre a nuestro entorno. Cada día se aprende.

¿Cómo es vivir en el exilio en EEUU? ¿Se sienten seguros?

La verdad sí. Nos sentimos más seguros. Es siempre algo difícil, pero más que todo por el idioma. Por lo demás, nos hemos adaptado.

¿Qué sentimientos despiertan en vos si retrocedés y vas a ese momento de angustia que vivieron?

Pues como dice la rana que circula en las redes sociales: a veces me dan ganas de regresar a Nicaragua, luego recuerdo todo lo que vivimos y cómo está la situación y se me pasa…

¿Cómo se lleva emocionalmente no poder volver a tu país y no ver a la familia por razones políticas?

Emocionalmente no queda de otra. Como te dije anteriormente, hay que acostumbrarse a la nueva manera de vivir. Si alguna vez cambia el gobierno y las razones de inseguridad cambian, podríamos pensar en volver. Antes, imposible.

Creo que esta es una experiencia muy fuerte en la vida de una persona, más conociéndoles a ustedes, dos periodistas muy activos. ¿Qué has aprendido de todo esto?

Francamente he aprendido que debés defenderte de todo; siempre he creído en la defensa de los derechos humanos, y eso se ha afianzado con nuestro caso. La gente debe informarse de cómo defenderse ante los atropellos, eso lo he aprendido, porque, a pesar de ser periodista, muchas cosas acerca de estos temas yo las desconocía.

¿Echan de menos el periodismo?
Si, sobre todo yo. Me gustaba el ejercicio de mi profesión, pero bueno, las circunstancias cambian y hay que adaptarse a lo que venga.

¿Qué esperas de Nicaragua?

Siempre me critican de ser pesimista. Pero la verdad, no creo que el país avance mucho en los próximos 30 o 40 años. Con políticos como los que tenemos -y aquí hablo de todos en general-, Nicaragua va a seguir estancada y a las pruebas me remito. Me gustaría ser más optimista, pero la verdad me cuesta. Quisiera ver una Nicaragua donde de verdad se respeten los derechos humanos y las instituciones realicen su trabajo por el bien de los ciudadanos y no al servicio de los gobernantes de turno.

Haz click en la imagen y entérate de qué países provienen lo/as latinoamericano/as que más solicitan asilo político.
Infografía: Tamara Morales Orozco.
Espera el sábado un post especial del periodista Ary Neil Pantoja,  donde nos cuenta su vida como migrante.

@mivese

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