El vecindario vacío

Por Tamara Morales Orozco

Estoy sentada en las gradas de la casa de mi mamá, la calle está oscura y silenciosa, sólo escucho el sonido de los grillos. Aquellos niños correteando por la calle ya no están. Hago una retrospectiva que me lleva a los 12 años y veo a Carlos Fernando -el vecino de al lado-, que termina de organizar los dos grupos para empezar a jugar. “Carlos Mario, Marvin, la Tamara y Jaku se van conmigo, dice. ‘Cabeza de adoquín’, Rodrigo, Tini, la Clara y la Gabriela se van con Carlos Leonel”. Son las siete de la noche de un viernes. Lo único que queríamos era jugar, correr, saltar o subirnos a los árboles de almendras, que dejaron cicatrices en mis rodillas.

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Foto cortesía de Jaku. Con este grupo de niñas y niños crecí.

En la medida que crecíamos nos fuimos del país. El primero fue Eugenio, vivía enfrente de mi casa. El segundo, Jorge Arturo o Jaku como cariñosamente le decíamos. Vivió hasta los 11 años  de edad en Nicaragua. Supe de él hasta hace año y medio.

Benditas redes sociales

Mi hermana menor me dijo que había contactado con Jaku a través de Facebook, después de no saber nada de él en casi 20 años. La red social me permitió acercarme a él y al resto. Aunque no es fluida la comunicación, nos escribimos de vez en cuando. Mientras escribo este post, rememoro episodios de cuando jugábamos al “beis”, al “anda” o al “escondite.

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Foto: cortesía de Jaku

Escuché otra vez la voz de Jaku, un tono más grave y un acento entre nica, peruano e inglés, lo sentí como raro. Jorge Arturo Klien Uzategui, tiene 32 años, es peruano con descendencia alemana y reside en Londres desde hace once años. Estudió derecho y nunca más volvió a Nicaragua. Se siente latino, le gusta la amabilidad y hospitalidad, pero le molestan los prejuicios de la sociedad peruana, “cada vez que voy veo bastante racismo, clasismo y homofobia. Estoy costumbrado a una sociedad más abierta, multicultural”, subraya.

Vuelvo al vecindario, giro un poco la cabeza hacia la derecha, y ya no veo a dos de los tres hermanos Quintana. Gabriela -quien me pidió no publicar foto suya-, salió de Nicaragua hacia Guadalajara (México), a estudiar Arquitectura, “supuse que habrían mejores oportunidades de preparación aquí y, pues me enamoré, me casé y tuve a mi bebé”, me escribe a través de Facebook.

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Foto: cortesía. Rodrigo en plena faena

Su hermano Rodrigo vive en Brasilia, lleva 13 años fuera. Estudió Economía y Desarrollo Internacional en Montreal. Actualmente trabaja para el Banco Interamericano de Desarrollo desde hace más de año y medio en donde se encarga de proyectos, cooperaciones técnicas e investigaciones sobre políticas laborales.

Clara y Carlos, son hermanos, mis ex vecinos de al lado que parte de su infancia la pasaron entre maletas y aeropuertos. Su familia está entre en Nicaragua, Canadá, Guatemala, Estados Unidos y México. Recuerdo que mis hermanos y yo nos avisábamos por el patio de la casa, si habíamos terminado con las tareas para salir a jugar. En la actualidad, ninguno vive en el país.

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Foto: cortesía. Clara y Carlos mis vecinos más antiguos de la calle

Con Carlos Fernando chateo vía Instagram, y me detalla que vive en Canadá, tiene un niño y es encargado de logística. Se mueve en el mundo de las importaciones y exportaciones. Trabaja para la empresa de envíos Fedex.

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Foto cortesía. Carlos Fernando en una visita a Nicargua

Clara es maestra en un preescolar. Tiene dos niños y vive en Miami, Florida. Se fue buscando un mejor futuro para su familia. “Como soy ciudadana americana se nos hizo una opción práctica este país. La vida aquí es dura, el tiempo no te alcanza para mucho. Me gusta mucho lo que hago pero la rutina es interminable… me penqueo duro, a momentos me siento sola pero me he ido haciendo poco a poco amistades con familias como la mía”, detalla.

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Foto cortesía de Clara

Marvin, que vivía al principio de la calle, reside en Florida. Es doctor en medicina interna y trabaja para una compañía que se llama EmCare, brinda servicios a diferentes hospitales en esa ciudad.

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Marvin a la derecha. Foto cortesía.

En el vecindario quedan pocos amigos de mi infancia. Tengo la esperanza de volver a jugar con ellos béisbol porque ‘arriba’ no sé si estemos físicamente dispuestos.

Todos piensan o desean regresar a Nicaragua. Jaku admite que le encantaría aunque le da cierto “temor ver cambiado todo”. Rodrigo tiene la decisión tomada, “estudié mi carrera para eso y creo que puedo contribuir más en un país que tanto necesita que desde una oficina en el tercer piso de un organismo multilateral”. Clara quisiera volver “porque es mi patria y me quedé con muchos sueños por alcanzar, pero se me fue la inspiración volando”.

Gabriela en un futuro inmediato no cree volver, “tengo trabajo en lo mío, tengo a mi hija y mi esposo, patrimonio y amistades, aunque extrañe a mis padres y hermanos, he sabido salir adelante”. A Carlos Fernando le gustaría, pero ahora mismo no es una opción; y Marvin, me comenta que probablemente se retire en Nicaragua.

Somos un puñado de profesionales con talento que vivimos en apartamentos con rutinas que distan de aquel espacio en donde nos reuníamos para corretear sin parar. Casi todos, extrañamos ese sentido de pertenencia vecindario/amigos. Un lazo irrompible que no ha desaparecido a pesar de los años. Espero que el día que regresen no se estrellen con una realidad distinta a la que tienen ahora y puedan volver a insertarse en la sociedad nicaragüense sin traumas o contradicciones.

* El año de la foto destacada es 1993 o 1994. Celebramos el cumpleaños de Jaku. Muchos de los que aparecen no sé por dónde andan
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6 comentarios sobre “El vecindario vacío

    1. Gracias Elvira. Me quedo con los recuerdos pero también con que cada uno mis vecinos están haciendo cosas positivas allá donde estén. Y también, el día que me reúna con todos va a ser emocionante volver a jugar aunque sea una partida de béisbol
      Abrazos, Tamara

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  1. Me gustô bastante este post Tamara. En mi barrio también se fue mucha gente, y pues yo también formo parte de esa lista. En mi caso extraño mâs a mi grupo de amigos de Managua, con los que salîa ya de grande en el 2009, muchos de ellos tampoco estân en Nicaragua en la actualidad. Gracias por tus palabras, me hiciste pensar en ellos y en los buenos momentos vividos 🙂

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    1. Que bien que pensaste en ellos. Te escribís con alguno de ellos? No perdamos ese vínculo que es importante en nuestras vidas. Recordar también es vivir. Espero que todos y todas estén bien como vos 😉
      Saludos (Tamara)

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