“Los Derechos Humanos son mi modo de vida”

Por Mirna Velásquez S.Cita Byron

Recuerdo con nitidez aquella tarde en la que todo estaba preparado en la Facultad de Derecho. Una tesis, un jurado, una botella de vino. Todo fue perfecto excepto porque olvidamos el sacacorchos. Él, con dificultad, había recogido dinero para comprar el bendito vino y celebrar a lo grande su triunfo y sucede esto…¡Qué despiste! De esa época a hoy han transcurrido tantos años que ya perdí la cuenta. Sólo sé que Byron ha llegado a la cima y más allá. Es el ejemplo cierto de joven que consigue lo que se propone, que vence sus propias limitaciones y hasta a la pobreza.

Se ha pasado media vida estudiando, buscándose a sí mismo o buscándole un sentido distinto al Derecho que conoció en la Universidad Centroamericana de Nicaragua. No se acomodó a los conceptos ni al Derecho civil, penal o mercantil, ni al país, y fue en los Derechos Humanos donde encontró ese significado que le ha dado dirección a su vida. En la Universidad Complutense de Madrid, hizo un máster en Derechos Humanos y más tarde un doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona.

“Los Derechos Humanos han significado un viaje a mí mismo, a mi historia, la de mi familia, la de mis vecinos y la de todos los que conocí y murieron en la guerra de los años 80 en Nicaragua. Pero también me han servido para conocer la historia de la gente de mi país, la historia no contada desde la perspectiva de los derechos, sino, muchas veces desde las falacias, banderas e ideologías”, explica en esta entrevista que discurre entre chats y correos electrónicos.

Hablame de tu vida en Nicaragua, de tus origenes.

Mi vida actual es una continuidad de lo que viví en mi país. Ha sido un constante ir y venir, de una ciudad a otra, de una casa a otra, de un barrio a otro. Fue así como crecí y viví en mis tiempos de estudiante. Nací en el monte, mientras mi familia huía a Honduras en el tiempo de la insurrección contra Somoza, en 1979. El pueblo donde nací, El Jícaro, era zona de guerra y no era seguro vivir allá. Mis primeros días los viví como un refugiado en Honduras, toda mi familia estuvo allá, hasta el triunfo de la revolución en 1979. Regresamos después a empezar de cero. Fueron tiempos duros para todos. ¿Fue acaso una premonición de lo que vendría después?, pues no lo sé. Lo cierto es que no dejé de moverme, aunque muchas veces he buscado el camino de regreso, sigo sin encontrarlo.

Contame la travesía que has hecho a lo largo de tu vida para llegar hasta donde estás: una carrera internacional en Derechos Humanos.
El hecho de venir de una familia campesina, humilde y luchadora, me ha dado ciertos criterios a la hora de ir por lo que quiero y eso es luchar y no rendirme nunca. Mi travesía la podría resumir en eso, una historia de lucha por lo que quiero. No siempre con buenos resultados, pero soy testarudo también. He aprendido a recibir muchos noes, sin perder la esperanza. Crecí así, sin grandes cosas, por no decir con nada, y solo recuerdo ser feliz. Es uno de los mejores recuerdos que tengo de aquellos tiempos. Intento mantener aquellos recuerdos frescos porque es lo que soy también. En mis peores momentos estos son los mejores que traigo para animarme.

Crecer en una familia llena de mujeres, tengo 4 hermanas y muchas primas, igual, me enseñó a respetarlas siempre. Pero también para tenerlas como referencias en lo que he hecho, porque las admiro a todas. Son ejemplares y más valientes que cualquiera de nosotros.

En los últimos años has pasado de estar en Sudán, un país inestable, a vivir en Holanda y luego en México. ¿Cómo se manejan esos cambios de vida y cultural tan drásticos?

Ha sido un poco difícil, pero bonito. Los cambios siempre afectan y eso es lo bonito de cambiar, de experimentar nuevas culturas, formas de vivir, gastronomía, clima, idioma, etc. Me gusta conocer la gente local de cada lugar, es la mejor forma de aprender del nuevo destino, aunque no siempre es fácil. En todo caso los cambios al principio son duros porque hay mucha soledad, si no se tiene una red de contactos hay que crearlos de cero cada vez; y de amigos, pues, eso ya es todavía más complicado. No siempre terminas de amigo de todo aquel que conoces, así, pues, las relaciones son menos fluidas.

¿Qué hacías en Sudán del Sur? ¿qué pasaba por tu cabeza, tomando en cuenta que recién te habías casado?

Estuve 14 meses, trabajaba con la Misión de la ONU  como Oficial de Derechos Humanos. Al principio todo era surrealista, pocas cosas podría asociar a lo conocido. Era algo totalmente nuevo. Mi trabajo era documentar violaciones de derechos humanos, era el único oficial de derechos humanos en una zona casi del tamaño de la mitad de Nicaragua. Fue un desafío enorme en todos los sentidos.
Cada día allá era una experiencia nueva, una demanda incesante para dar lo mejor de mi en un contexto violento para toda/os, especialmente la población de ese país. Más de una vez pensé si mis viajes de misión sería el último. Esto me llevó a una constante reflexión de lo que hacía allá, del valor del discurso de los derechos humanos en aquel país; así comprendí mis límites en lo que hacía y la incapacidad de poder cambiar algo que no estaba al alcance nuestro.
No cambié nada de aquel lugar donde estuve, pero aquel pueblo tribal, aquella gente sí que me cambió. Solo puedo estar agradecido de haber acabado en aquel país. Fue difícil sobrellevar todo esto estando lejos de mi esposa, pero siempre pudimos hablar y viajar con cierta frecuencia.

¿Qué es lo más osado que has hecho en tu trabajo?

Decidir continuar una investigación de un caso de violaciones en la frontera con Kenia que, como resultado, el convoy que me acompañaba en la misión, decidió dejarme abandonado en una zona remota.

Actualmente vivís en México. ¿Qué hacés allí? 

Estoy en la Oficina del Alto Comisionado de derechos humanos de la ONU, trabajo temas de personas migrantes, casos de tortura, desapariciones forzadas y pueblos indígenas. Es una oficina pequeña con mucho trabajo, en un país con una grave crisis de derechos humanos, que nos exige estar casi en todo. México siempre me gustó como país, pero también por el desafío que significa trabajar estos temas en un país que presume de su riqueza y que en muchas veces le da la espalda a la gente más necesitada.

¿Cómo es para un centroamericano vivir y trabajar en México? ¿Has vivido racismo?

No he vivido discriminación por mi color de piel, tampoco por mi nacionalidad. Pero eso se debe a que mi círculo más cercano es de defensores de derechos humanos. Sin embargo, en el contexto de los flujos actuales de migrantes centroamericanos, México se ha ido identificando por discriminador de los centroamericanos del triángulo norte. En los medios hay muchas historias de xenofobia, discriminación y malos tratos, incluso, asesinatos, desapariciones, extorsiones de migrantes

Emocionalmente hablando, imagino que es fácil venirse abajo cuando estás tan cerca de las injusticias. ¿Hay alguna experiencia que te haya marcado? y ¿cómo le hacés para no dejar que te afecte a nivel personal?

Me marcó mucho ver a muchas personas en Sudan del Sur huir de la violencia, del conflicto armado que estalló en el 2013, y no poder hacer nada más que registrar su miseria y desdicha en un informe que nadie leyó. Muchas veces me salté las trancas para hacer lo que creía correcto, o me salía de las entrañas, no sin costo, pero al final me sentí más orgulloso de eso.

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¿Cómo ves el mundo? Sé que es una pregunta bastante abstracta, pero tengo curiosidad de saber si ves esperanza, si crees que queda poco por hacer o si realmente se ha hecho mucho y no se valora o no se quiere ver?

Veo la vida con mucho optimismo. Soy una persona afortunada de poder hacer lo que hago y no deberle nada a nadie. Podemos estar peor y nosotros no estamos ni cerca de ello, y eso hay que agradecerlo, porque la verdad es que muchos sí lo pasan mal, y quizás con menos resentimiento de muchos de los que estamos mejor. Hay mucho por hacer y esto no es algo que pueda ser acabado en un tiempo determinado, la mejor forma de afrontarlo es vivirlo como una elección de vida. No como un trabajo a ser concluido. No espero sino un mejor mundo para mi hija. Un lugar donde pueda vivir libremente.

Mi mayor reto es ser congruente con lo que predico, vivir y trabajar en Derechos Humanos, no puede ser sino un estilo o forma de vivir. Lo que hago afuera debe ser un reflejo de lo que hago adentro de casa, no una contradicción. Todos venimos de un sistema patriarcal y cambiar eso no es una tarea que pueda hacerse de un plumazo.

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Tomado de su muro en Facebook. ” Después de tantos años, hoy, por fin concluyo esta etapa del doctorado. Un largo viaje lleno de muchas experiencias académicas, trabajo de campo, de vida, de esposo, de padre, aventuras, trabajo por las tierras más inhóspitas de África Oriental; de convivir con diversas culturas de tribus del noroeste de Sudán del Sur. También de ver la muerte y lo peor de la decadencia humana con mis propios ojos. Para alguien que nació en los caminos, el viaje no debe sino seguir”. (16 enero 2016)

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Byron, Paula y Sofía. Una familia que va por el mundo defendiendo a la gente víctima de las desigualdades. Actualmente residen en México. Foto: cortesía.

Es difícil no emocionarse al conocer gente que da su vida para mejorar la de otras personas, sin vanagloriarse. Me siento identificada con Byron, con su lucha interna y externa, con su determinación; es como ver en una persona a toda una generación que está haciendo cosas increíbles sin exhibicionismo. Esta entrevista me ha dado un halo de esperanza y me quedo con el mensaje de Byron: cada día es una oportunidad de ser mejor persona, de salvar a los demás de la peor versión de uno/a mismo.

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21 comentarios sobre ““Los Derechos Humanos son mi modo de vida”

  1. Saludos Mirna: Es una gran entrevista y un buen personaje. Me encantó, en la forma, esta frase: “Se ha pasado media vida estudiando, buscándose a sí mismo o buscándole un sentido distinto al Derecho que conoció en la Universidad Centroamericana de Nicaragua. No se acomodó a los conceptos ni al Derecho civil, penal o mercantil, ni al país, y fue en los Derechos Humanos donde encontró ese significado que le ha dado dirección a su vida”. Felicidades por mantenernos inspirados escribiendo y reescribiendo el oficio periodístico desde tu blog Ciudalatina.

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    1. Hola Reportero Sport. Gracias por tus palabras. Sentí como su hubieras dado un fuerte abrazo. El blog ha sido una enorme oportunidad para volver a sentir ese cosquilleo o esa especie de trance que sólo un/a periodista sabe que se siente cuando escribe.
      Ahi vamos, siguiéndonos mutuamente en todas las redes.
      Abrazos
      Mirna

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  2. Excelente! Tuvé la oportunidad de estudiar la licenciatura en Derecho con Byron y todo de lo que de él se habla es cierto, sin duda un joven motivador, luchador, transparente y concecuente. Un hombre de bien! Aplaudo sus logros y existencia.

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  3. Es admirable la sencillez de persona del Doctor Byrin Cárdenas, de quien tengo el honor de Conocerle por aproximadamente 18 años en la Ciudad de Masaya Nicaragua vecino cercano y amigo de la familia a la cual pertenezco. Joven que con gran sacrificio y en compañia de sus cuatro hermanas y un hermano menor lograron coronar sus carreras a pesar de sus oadres vivir en el Jicaro a las de tío kilómetros. Lo felicito y siga cosechando éxitos. Excelente entrevista

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    1. Totalmente de acuerdo. Tanto Byron como sus hermana/os son jóvenes con una capacidad de lucha increíble e incansables. Da gusto verles y admirables. Estoy segura que Byron estará muy feliz de ver tu comentario, Ronaldo. Un saludo. Mirna

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  4. Excelente entrevista… sin duda, el joven académico es un luchador como tantos otros que están por Europa y a quienes también les recomiendo entrevistar para dar a conocer más historias motivadoras como esta

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