No me “ames” tanto

Por Tamara Morales Orozco

No me conoces, aún así, te escribo esta carta que firmo arriba, para decirte unas palabras. Sé que quizás te llamen la atención estas primeras líneas, pero una vez que pases de este párrafo igual te sea indiferente el contenido. Léela, no te asombres, que no te venza el desprecio.

Te voy  hablar de Gilma, la hondureña, de la ciudad La Esperanza del departamento de Intibucá, al occidente del país, que conociste cuando ella tenía 24 años en Madrid, y llevaba pocos meses de haber llegado a España, y con quien conviviste unos años. ¿Te acuerdas? ¡Como olvidarla! Pero, por si caso la memoria te falla, te la recuerdo: bajita, pelo negro, morena, joven, y sobretodo, profunda. Tiene tres niñas y la última la engendraste tú. No te vayas tan rápido.

Quiero informarte que estoy contenta y orgullosa de quien es hoy Gilma, que después de convivir contigo una relación tormentosa, ha sabido sobreponerse al infierno que la hiciste pasar. Me queda claro que desde un principio, lo que querías era a una mujer sumisa y a una criada, pero también que sexualmente pudiera satisfacerte. Querías a alguien que te lavara, planchara, cocinara; en fin las cosas de la casa. No te bastaba que llegara cansada del trabajo para hacerte las cosas. Triple jornada. Fuiste un profesional de la mentira y del engaño durante los dos primeros años de noviazgo. La colmaste de detalles, regalos, salidas a comer y pasear, como toda una reina. Al principio todo era bonito, la llamabas a todas horas, la ibas a recoger a las paradas de los autobuses porque no conocía. Esa era tu táctica.

Pero tus verdaderas intenciones las consumaste al tercer año de la relación cuando la convenciste de vivir juntos. No te valió que renunciara al trabajo de interna, con posibilidades de legalizarce, sino que actuabas como si vivías en soltería desapareciendo más de dos o tres días. Te encargaste de maltratarla psicológica y físicamente.

End HumanTrafficking.

¿Te acuerdas que la chantajeabas, le dabas manotazos, empujones y la insultabas? Y cuando te decía que te fueras, aún poniendo ella el dinero del alquiler del apartamento, te llenabas la boca diciendo que el contrato estaba a tu nombre porque estabas legal en España. Pero como ya te mencioné antes, eres un artista de la mentira y del engaño, te las arreglabas para convencerla, y ella cedía a tus súplicas. La tenías enganchada a una relación tóxica que cada vez iba a más.

Te valiste de tu relación de poder para amedrentarla, intimidarla y asustarla; sabías el miedo que tenía a ser deportada, lo aprovechaste al máximo:

Si tanto la querías, ¿por qué la malmataste aquella noche que salieron? Para ti, es mejor no recordar o dirás que “no fue para tanto”. La paliza que le diste después que te encontrara mensajes de infidelidad, fue espantosa. Al sentirte descubierto, furiosamente la seguiste y le propinaste cuantas bofetadas, tirones de pelo y patadas pudiste, hasta estamparla contra un carro. Ella -embarazada pero sin saberlo-, se levantó como pudo y corrió hasta desembocar en una calle transitada de Madrid. De eso es mejor no acordarse, estabas “borracho”. Parece la escena de una película. Su salvación fue encontrar a varios policías que, cuando vieron los golpes y que estaba llorando, actuaron de inmediato. “Si no me encuentro a la policía, hoy no te cuento esto, no veo el sol”, me dijo Gilma.

www.womensrights.orgsupport (1)
Diseño: T. Morales Orozco

La entiendo, no debe ser fácil para una mujer sola, “sin papeles” y con miedo a denunciar. Sólo hasta ese momento se dio cuenta que su vida pendía de un hilo por lo que decidió acabar con el tormento. Pero creíste que iba a seguir todo igual, que la convencerías para quitar la denuncia, ¡y no! Aplaudo que por fin rompiera ese círculo de violencia a la que la sometiste por tu superioridad de macho.

Derechos de las mujeres víctimas de violencia de género
Diseño: T. Morales Orozco

No respetaste siquiera la orden de alejamiento. Llegabas cuando se te antojaba, la acosabas, le timbrabas a la puerta, la llamabas en las madrugadas, borracho, para saber con quién estaba. Eso, por si no lo sabías se llama acoso y está penado por la Ley. Cuando te diste cuenta que caducó dicha orden, el acoso subió de tono. Gilma, tuvo que huir embarazada con sus dos hijas mayores y esconderse. Y no paraste porque aún con sus documentos en regla, continuaste acechándola.

cifras de VG 2016
Diseño: T. Morales Orozco

Pero, ¿sabes qué?, hoy ella es feliz con sus tres hijas. Aplaudo el día que no te concedieron la tarjeta de residencia, porque hombres como tú no merecen ni una pizca de piedad ni compasión. Eres malo. A ti no te pesó nunca la mano ni el pie cuando la golpeabas.

Quédate ahí bien lejos, deportado en Bolivia. No te acerques más a Gilma, que tiene alrededor a miles de mujeres dispuesta a defenderla de hombres maltratadores como tú. Gilma, se cansó de vivir con miedo, con el corazón en un puño. De querer hacerse invisible para pasar un rato sin bronca. De querer agradarte para que estés contento.

Hoy vive tranquila, asegura que ha pasado todo lo que he tenido que pasar, y ha sido duro pero tiene que seguir.

Participa activamente en Madrid en organizaciones de mujeres víctimas de violencia. Colabora en Bancos de alimentos, en la Asociación de Hondureños en Madrid, eso le fortalece porque vive, se siente útil. En Brujas Migrantes, una organización de mujeres, siente esa sororidad que debemos tener entre mujeres, siente que tiene hermanas que le ayudan, se cuidan, se entienden y se apoyan.

¡Hasta nunca!

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6 comentarios sobre “No me “ames” tanto

  1. Hay que buscar a ese desgraciado, con tipos así vale la pena enjaranarse. Lo único que lamento de no ser fiscal o policía es no poder asistir a golpes a individuos que maltratan a las mujeres. Felicito a Gilma y a quienes la apoyan. La erradicación de la violencia contra la mujer es un asunto (contra) cultural que merece estar en primera línea de agenda. No hay civilización ni progreso en una sociedad que permita la violencia de cualquier intensidad o manifestación. Excelente Tamara, saludos!

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    1. 100% de acuerdo, Edgard, este tema debe ser prioritario. No sé por qué diablos seguimos en las mismas desde hace siglos…bueno, creo que lo sé. A nadie le interesa realmente ponerle fin a este cáncer. Yo tengo 41 años y desde que recuerdo a mi alrededor ha habido mujeres maltratadas, siempre, siempre. Inconcebible.
      Me consuela que hay muchos hombres que se han sumado a la lucha de las mujeres. Gracias por tu comentario, Edgard. Besos.
      Mirna

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    2. Hola Edgar! Cuando conversé con Gilna me llamó mucho la atención su actitud positiva ante la vida, primero por ella, y después por sus tres hijas. Desde el blog nosotras aportamos a la denuncia y promoción de los derechos humanos de las mujeres. Esta historia es una denuncia social.

      Gracias por leerla y ayudar a compartirla.
      Tamara

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  2. Esa situación que le tocó vivir a Gilma, la han experimentado miles de mujeres, desgraciadamente… hasta cuándo los hombres entenderán que las mujeres somos sujetas de derecho y no de su propiedad?

    Gracias Tamara por compartir esta historia, que es a la vez una denuncia pública

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    1. Es la misma pregunta que me hago, Patricia: ¿hasta cuándo? No entiendo por qué gran parte del género masculino no ha logrado dar el salto a la civilización y entender que las mujeres somos personas con personalidad, pensamientos, opiniones propias.
      La revolución está comenzando y América Latina está despertando. ¡Vamos a lograrlo1. De eso estoy segura. Besos Patricia.
      Mirna

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  3. Por eso hay que seguir denunciando y hablando que las mujeres no somos propiedad de nadie. Vivimos en una sociedad patriarcal, con misoginia y odio hacia lo diferente a lo establecido en las sociedades. Y se ha incrementado en los dos últimos años si nos vamos a revisar las cifras a nivel internacional. Por eso que que ser intrasingente con esta lacra social Saludes Patri
    Tamara

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