Duelos en la distancia

Por Tamara Morales Orozco

Les presento a “María”, la conocí de pura casualidad en la parada de bus. Al escuchar su acento me atrapó y nos pusimos a conversar. Hablamos de los años viviendo aquí, del clima, del bus que tarda en pasar y hasta del Día de los Difuntos. Es mexicana, se dirigía a la casa que tiene en las afueras de la ciudad e iba a ponerle flores a su marido. Se emociona al recordarlo. Pero la emoción aumenta cuando menciona que no pudo estar en el entierro de su mamá y unas hermanas, en México. Lleva en #España más de cincuenta años. Es bajita, un poco ya encorvada, morena. Lleva unas gafas obscuras, un pañuelo en la cabeza y un vestido beige a juego con las medias marrones. Me comentó que seguirá aquí “hasta que Dios se lo permita”.

La historia de “Elisa”

Para conocer a “Elisa” y entrar en confianza con ella no hicieron falta quince días; una ecuatoriana que conocí trabajando. Sustitye las vacaciones de una cubana, en la empresa de servicio a domicilio para el cuidado de personas mayores. Es un poco más alta que yo, morena, pelo corto rizado castaño claro y fortachona. Lo sé porque a la hora de levantar a la señora que atendemos lo hace casi en el aire.

La historia de Elisa me llamó la atención por su actitud positiva y su capacidad de anteponerse a los vaivenes de la vida. La tragedia tocó las puertas  de su casa. En Ecuador, su papá sufrió una caída en la calle y quedó en estado vegetativo, esa fase posterior al coma, que supone que el paciente despierta, que abre los ojos y no necesita ventilación pero sí ser alimentado. Lo trajo a España para ver si la medicina española le ayudaba a salir de esa situación, pero después de 17 años falleció. Asegura que gracias al pago de un seguro de vida pudo darle un entierro digno en Ecuador.

El tema de la muerte es un aspecto del que hablamos muy poco, menos estando lejos. Estas dos historias son para aprender que si hay algo de cierto en esta vida es que nada está escrito ni es definitivo. Vivir implica también aprender a dejar ir y para ello, tenemos que prepararnos espiritual, emocional y económicamente. El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.

Dale play al audio de soundcloud para escuchar ese episodio de la vida de Elisa y María, dos mujeres con historias similares pero distintas.

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