Ondas emotivas

Por: T. Morales Orozco

En mis horas de descanso, siempre cierro los ojos para escuchar sonidos, muchos sonidos. Graves, agudos, guturales, artificiales o fuertes. Ondas sonoras que me trasladan a una situación, un acontecimiento, un lugar o evocan algún recuerdo. Me relajan un montón porque me ayudan a desconectar, a meditar o hacer reiki en este mundo tan frenético en el que vivimos.

Admito que soy sonora, es parte de mi esencia. Cuando percibo esas ondas acústicas, mi cerebro se activa para ponerme en #ModeStop para atender los sonidos. No sé qué haría si llegara a perder el sentido del oído. Desde que tengo uso de memoria recuerdo ponerlos finos, creo que se debe a la influencia radiofónica de mi mamá.

He guardado junto con Mirna, un sinnúmero de ondas sonoras que me ayudan a viajar a la caótica Nicaragua. Hoy, donde vivo no es ni la quinta parte de lo que es mi ciudad de natal. Es más ordenada, hablando sonoramente. Pero no soy malinchista, aún así, extraño el cantar de los pájaros o del gallo que canta y que me hace saber que ya amaneció. También, echo de menos lo ruidosa y alborotada que es mi ciudad, Managua. ¡Única! Con todos sus defectos, no la cambiaría nunca porque dejaría de ser parte de mi esencia. Me remueven el alma, me provocan sentimientos.

Dale play y comentanos si te fuistes hasta Nicaragua.
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6 comentarios sobre “Ondas emotivas

    1. En mi último viaje a Nicaragua me di cuenta de ¡cuánto ha cambiado!. Las ciudades grandes como Estelí -que antes eran bastante tranquilas y ordenadas- ahora tienen un centro con un movimiento comercial tan descontrolado y caótico que casi me agobió. Quizás nosotras lo sintamos más por el hecho de vivir en sitios apacibles y es más notorio el contraste.
      De Masaya, ni te hablo. Es tremendamente ruidosa. Desde luego, habrá sitios que no se les puede aplicar la palabra caóticos.
      Abrazos Edgard,
      Mirna

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  1. Le pregunté a una ex-estudiante de francés de origen nicaragûense que estuvo unos meses en Francia y que se iba de regreso a Nicaragua, que qué cosas le iban a hacer falta de Francia? y su respuesta fue: el silencio! Exacto, eso tan comûn o habitual en Francia, puede ser bastante nuevo para nosotros, tan acostumbrados al ruido nuestro de cada dîa en casi todos los rincones de Nicaragua.

    Yo si me sentî en Nicaragua con esa mezcla que hicieron y es cierto que en Managua hay ruido y etc, pero esa es una de sus particularidades y a mî eso me gusta!

    Un abrazo,

    Jorge

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