La gritería, una fiesta popular

Por: T. Morales Orozco

Van a dar las seis, estamos ansiosos mis primos y yo porque vamos a ir con mi abuelo y una vecina a “gritar”. Cada uno lleva una bolsa grande con asas, de esas donde se guardan los quintales de granos básicos, para llenarla de cosas que nos den en las Purísimas

Nos advierten que si nos separarnos nos podemos perder. Empezamos el recorrido por las calles en medio de la tiradera de pólvora que se apodera de Managua. La ruta es por un barrio populoso de la capital. Contentos caminamos platicando.

Altar Virgen María
Foto: T. Morales Orozco. Este es un típico altar de una Purísima

A lo largo de la calle vemos a un grupo de gente haciendo fila. Esperan fuera de una casa su turno para cantarle a la virgen Concepción de María. Si hay mucha gente haciendo cola, es señal de que “reparten buenas cosas” y vale la pena esperar. Hay momentos en que por el tumulto de gente en las calles, los automóviles no pueden transitar.

Nosotros nos ponemos detrás del grupo que espera pasar. Y esperamos cinco, diez, veinte minutos y hasta media hora. No importa, la noche es larga. Cuando llega nuestro turno, la vecina, grita en tono de pregunta: ¿Quién causa tanta alegría? Y nosotros respondemos: ¡La Concepción de María!

Como si de un ensayo se tratara, con libro en mano, arrancamos a cantar en voz alta una de las letras más conocidas y aclamadas de la gritería: Tu gloria, tu gloria, gozoso este día, oh dulce María publica mi voz, oh dulce María publica mi voz.

Aunque terminamos toda la letra, pasamos a otra canción y a otra, para que los dueños de la Purísima salgan a repartir dulces típicos de la temporada como cajetas de leche, gofios; limón dulce, ayote en miel, caña de azúcar,  juguetes, etc. A esto se le llama gorra o brindis. Generalmente quienes celebran la Purísima, ahorran todo el año para poder comprar la gorra y la pólvora.

Cartel cánticos
Diseño: T. Morales Orozco

Un poco de historia

Casi me atrevo asegurar que con esta celebración, se dan por iniciadas las fiestas navideñas en Nicaragua. La Gritería o fiesta de la Purísima Inmaculada Concepción de María, ha trascendido de ser una celebración religiosa a fiesta popular.

La imagen de la virgen, la introdujeron los Franciscanos en el municipio de El Viejo, departamento de Chinandega. Los habitantes, entre indios y mestizos, atraídos por la belleza de la imagen, llegaban a la parroquia a admirar a la “niña blanca”.

En 1857 se inicia la celebración de la Gritería en la ciudad de León. Todos los 28 de noviembre, los promesantes católicos inician un novenario en una casa particular, que culmina el seis de diciembre con la lavada de plata de la virgen. Cada día de la novena se lee una lectura bíblica, en donde se habla de la virgen María. Se da una explicación de la lectura y se rezan tres Aves Marías.

Jovenes dentro de una casa cantando
Jóvenes cantan dentro de una casa ante un altar con un libro de cánticos. El señor de camiseta blanca va reparte la gorra

El siete de diciembre es la fiesta de la Purísima. En Managua, la gente recorre calles al anochecer. Se detienen en casas con altares adornados de paisajes de Nicaragua o representaciones del cielo. En ciudades como León, solo se grita, no se canta y se da gorra. En Granada, se canta y no hay gorra. En la Costa Caribe, casi no hay Purísimas.

Parte de la gorra que logras de una Purísima
Parte de la gorra que logras de una Purísima

Y seguimos nuestro  recorrido. Nos encontramos con Purísimas que tienen música en directo: músicos con pianos, enormes altavoces, vocalistas concentrados cantando, mariachis, chicheros. ¡Alegrísimo!

Gente haciendo cola para entrar a un altar
Foto: T. Morales Orozco. En esta foto la gente espera afuera de una casa para entrar en cantar

Son las nueve de la noche. El abuelo se fue cansado de caminar. Nos ha dejado con la vecina y seguimos. Diez de la noche. La vecina dice que tenemos que irnos y mis primos y yo, decidimos quedarnos un rato más porque estamos maravillados con el ambiente de jolgorio. Nos asegura que puede tener algún problema por nuestra culpa pero hacemos caso omiso y seguimos. Tengo unos diez años.

Once de la noche, las calles van quedando vacías. Mis primos y yo, cansados, decidimos regresar. Y con un pie adentro y otro fuera de la casa , zas! Nos han castigado. Hoy con más de 30 años que tengo, el abuelo ya no camina tanto. Lo lleva en el auto mi mamá. Se baja y canta un poco. Hoy el relevo somos quiénes fuimos una vez niñas/os, hoy quienes van a gritar son mis sobrinitas.

Foto destacada: Pamela Gómez
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