Siria nos duele a tod@s

Una familia latinoamericana relata a Ciudalatina cómo se vive en Alemania ésta histórica crisis migratoria.

Foto: Flickr European Commission DGECHO (CC-BY-ND-2.0
Foto: Flickr European Commission DGECHO (CC-BY-ND-2.0)

II PARTE

Mirna Velásquez Sevilla

En poco tiempo recogieron un lote de ropa y juguetes, con ayuda de sus vecinos. Apilaron todo en el coche (o carro) de la maestra de su hijo y lo llevaron hasta donde están asentados los refugiados, a poca distancia de su casa.

Llegaron a Whohnheim Lerchensteig, una zona de la ciudad habilitada con containers reformados y convertidos en pequeños apartamentos con todas las comodidades de una casa cualquiera: salón, habitaciones, camas, cocina, baño, etc. Encontraron a una familia con cuatro niños, a los que les vino bien un poco de ropa de bebé y juguetes.

Entre señas, inglés y alemán mal hablados, ésta familia les resumió en minutos el suplicio que vivieron en cuatro años para llegar hasta ahí. Partieron de Siria a Líbano a bordo de un taxi, durante dos días. De ahí, volaron a Egipto, donde el padre trabajó tres años para recoger algo de dinero y cruzar el mar Adriático. Atravesaron también el mar Mediterráneo junto a otras 650 personas jugándose el todo por el todo. Llegaron a Italia, tomaron un tren a Austria y finalmente llegaron a su destino: Alemania, donde pidieron asilo. Ya tienen un nuevo hogar, están integrándose, igual que otras doscientas personas establecidas en el mismo lugar.

Imagen: cortesía
Haz click en el mapa para ver la ruta que siguen los migrantes de Budapest a Munich. Imagen: cortesía

Ésta historia me la relató una chica latinoamericana y su esposo, austríaco, residentes en Potsdam, capital de la región de Branderburgo, cerca de Berlín, Alemania. Es una de las tantas ciudades que alberga a los miles de refugiados que de golpe han llegado a Alemania en los últimos meses. Ellos están viendo y viviendo día a día el éxodo. Y yo, desde las Islas Canarias, he encontrado una fuente que me provee de toda la información que no amplían los medios de comunicación españoles. Me han pedido que por su seguridad no revele su identidad, así que les llamaré “ella” y “él”. Más adelante les contaré por qué.

“Los refugiados viven bien, tienen todas las condiciones, muy cómodos. Los niños ya van a la escuela”, me cuenta ella por WhatsApp y agrega que según la alcaldía, los nuevos apartamentos están valorados en 50 mil euros. La avalancha de ayuda del pueblo alemán no tiene precedentes. Han desbordado la capacidad para manejar tantas donaciones. “Aquí hay una ola de humanidad que nunca en mi vida la había visto, y nunca pensé que la iba a vivir en Alemania”, relata ella, emocionada.

Me cuenta, además, que cuando ponen pie en suelo alemán, los recién llegados son llevados a unos campamentos, donde permanecen provisionalmente hasta que se les asigna un apartamento, su hogar definitivo. Puede que sean destinados a vivir en un edificio exclusivo para ellos, con áreas de recreación, o bien en las casas-containers, una novedad de la arquitectura moderna ecológica y de reciclaje.

En ésta casa-container reside una familia siria que tardó cuatro años en llegar hasta Potsdam, Alemania. Foto: cortesía
La casa-container donde reside una familia siria que tardó cuatro años en llegar hasta Potsdam, Alemania. Foto: cortesía

Cuando se ven tantas escenas desgarradoras, se tiende a creer que la gente necesita de todo. Y tu instinto te hace sacar tu mejor parte, vas, buscás y rebuscás en tu casa, seleccionás sin ningún apego, las cosas que pueden ser útiles para esa gente que lo ha perdido todo. Pero luego ves que sus carencias no son materiales. Sólo quieren hablar, quieren contar su historia. Y los niños quieren tener con quién jugar. Nada más.

Creo que ésta pareja es el reflejo de lo que sentimos la mayoría. Nos sentimos impotentes, enojad@s, tristes, nos lamentamos de los políticos y sentimos una obligación moral, humanitaria. Nos preguntamos ¿cómo podemos ayudar?, ¿qué puedo hacer yo por esa gente?. Y nos cuestionamos. Y hasta nos sentimos hipócritas porque no damos el siguiente paso, porque en el fondo somos presos de los prejuicios y miedos, porque si nos toca albergar a una familia siria en nuestra casa, la cosa cambia.

Estos son los módulos residenciales del nuevo alojamiento de refugiados en la calle David Gilly, en Potsdam. Foto tomada de www.potsdam.de
Estos son los módulos residenciales del nuevo alojamiento de refugiados en la calle David Gilly, en Potsdam. Foto tomada de http://www.potsdam.de

LA SOMBRA NEONAZI

La razón por la que mis fuentes me han pedido obviar sus nombres es más que comprensible. A pesar de que la extrema derecha alemana está callada, aplastada con la ola humanitaria del pueblo volcado a ayudar, lo cierto es que el miedo a los neonazis sigue estando ahí.

“Yo estoy observando y también actuando porque hay necesidad de que Alemania ayude a esa gente, pero con precaución, porque no sabemos en qué dirección se puede desarrollar ésta situación”, me dice él vía Skype, y advierte que el tema religioso podría convertirse en un problema porque Alemania es una sociedad agnóstica. Éste chico, geógrafo de profesión, diseñó un mapa detallado de los campamentos que hay a lo largo y ancho de la ciudad, pero no ha tenido el valor de ponerlo en la red, para no ser detectado por los neonazis.

Ella no se expone a ir en su vehículo hasta donde están los refugiados para que no identifiquen la placa, ni sepan de dónde viene. Teme por la vida de sus dos hijos. “Pero tampoco voy a dejar de ayudar. Hay miles de maneras de hacerlo. Una se las tiene que ingeniar”, asegura.

Mientras ésta familia idea todas las formas para cooperar, otros se hunden en el mar. Otros, nos hundimos en la tristeza, en el aborrecimiento y odio a un sistema lleno de siglas y planes que no funcionan. Y otros, esos otros que voltean la cara, esa lista enorme de países indiferentes, incapaces, amnésicos, mudos, esos que se lavan las manos, son los verdaderos culpables, son los que causan y alimentan los conflictos. Son los mismos que ahora llaman posibles terroristas a  los refugiados,  para inyectar el miedo.

Miedo a gente que intenta rehacer su vida, que esperan un trabajo o estudiar y se esfuerzan por integrarse a pesar de las enormes diferencias culturales y religiosas. Miedo a ese montón de familias que están a merced de las políticas europeas a menudo ilógicas como la de una mujer y sus hijas que, con una vida ya hecha en Suecia, fueron devueltas a Madrid por una cuestión de “trámites”. ¿El miedo no debería venir del lado contrario?.

Cierto es que el panorama es dantesco, difícil, complejo. Es un gran desafío no sólo para Alemania y la Unión Europea, sino para la “comunidad” internacional. Cierto es, también, que los hechos hablan por sí solos, que la respuesta de la gente está siendo excepcional y que ha despertado la generosidad, la solidaridad y el desapego a lo material para entregárselo a quien lo necesita. Todavía hay esperanzas.

En éste vídeo de AJ+ que ha sido reproducido miles de veces en las redes sociales, se aprecia el recibimiento a los refugiados. La gente se ha organizado para ir a esperarles a las estaciones de trenes, con mantas, comida, juguetes, agua, etc.

ESPERA EL VIERNES LA TERCERA Y ÚLTIMA ENTREGA DEL ESPECIAL SIRIA.

Anuncios

4 comentarios sobre “Siria nos duele a tod@s

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s